Siempre quise una máquina de escribir.

Siempre quise una máquina de escribir.

Cuando tenía 9 años escribí mi primer poema, se llama "las flores",  aún existe y sigue siendo mi favorito. Lo escribí en mi primer computadora, era una Intel Pentium IV con un monitor gigante, tenía instalado Corel Draw, Word y Encarta, pero a mi me fascinaba utilizar el bloc de notas.

Mi papá me trajo un día a casa una impresora de punto, hacía un escándalo terrible cada vez que imprimía una línea y usaba hojas perforadas en los bordes para el procesamiento del papel. Con ella imprimí mi primer poema y los muchos otros que vinieron después hasta mis 12 años.

Pero siempre quise una máquina de escribir, el ruido insoportable de la impresora de punto no era suficiente para transmitir esa sensación que me pasaba por los dedos cuando escribía algo que salía de mi alma, desde ese momento supe que lo que quería era una máquina de escribir.

Han pasado más de 15 años desde aquel primer deseo, no he logrado tener esa dichosa máquina, pero en este presente soy amante de la fuente de esas máquinas (similar a la Courier New de MS Word), amo el olor que produce esa cinta en el papel, amo el sonido y la fuerza de cada letra imprimiendo con determinación sobre una hoja en blanco, sin derecho a equivocarte y salir limpio de eso.

Fin del comunicado.