"Deberías dedicarte a otra cosa"

"Deberías dedicarte a otra cosa"

Yo no tenía ni idea de cómo escribir pruebas unitarias, nunca antes lo había hecho, sólo sabía “en teoría” de qué se trataba pero no más.

Tampoco había tenido un líder técnico que era “líder” por primera vez, en realidad le dieron este título para retenerlo en la empresa porque había intentado renunciar muchas veces antes. No lo vi como algo malo, jamás pensé que llegaría a ser esto tan grave.

Se estaban implementando nuevas prácticas en el equipo así que era requerido escribir pruebas para el código, todos estábamos en capacitación. Se dieron cuenta que estábamos en niveles técnicos diferentes mientras ocupábamos los mismos cargos y que esto desencadenaba muchos de los problemas que en ese momento habían. Empezó el aprendizaje (o la guerra).

Se convirtió en una competencia, con algunos era sana, con otros era a muerte. Pasamos de estar aprendiendo juntos a una guerra de quién aprendía más y más rápido, de definir “quién era mejor”.

Me costó mucho aprender a escribir pruebas, en realidad me daba vergüenza decir en voz alta que no lo entendía, tenía muchos ojos encima esperando que “demostrara” que no merecía estar allí hasta que después de mucho leer e intentar le mostré mi gran logro a quien era mi líder. El feedback: eso está mal. No sabes. Tenía razón (en ese momento).

Seguí leyendo, intentando, aprendiendo, me quedaba hasta altas horas de la noche en la oficina tratando de lograrlo y cuando tenía algo que me hacía sentir orgullosa se lo mostraba a mi líder pero la respuesta era la misma: eso está mal, no sirve.

Una noche como muchas otras de estudio y práctica, se me acerca a preguntarme cómo va mi proceso y me atreví a decirle lo que sentía: “de verdad me cuesta entenderlo y me frustra que todo lo que hago, dices que está mal”. Me miró compasivamente y pensé que al fin me había entendido, entonces dejó escapar suavemente de sus labios la que sería su nueva frase favorita: “no puedo creer que de verdad no lo sepas, deberías dedicarte a otra cosa, a lo mejor esto no es para ti”.

Llevaba 6 años trabajando en programación en aquel momento y de todos los momentos de frustración que tuve durante mi trayectoria, nunca antes me sentí tan humillada.

Una noche más pasaba y antes de irse se sentaba a mi lado con una actitud amigable y me dejaba una honesta pregunta: “¿De verdad no has pensado en dedicarte a otra cosa?”.

Luego este “consejo” se convirtió en mi daily, así que cuando teníamos esta reunión y yo expresaba algún retraso de tiempo o bloqueo técnico la solución siempre llegaba a la vista: “Deberías dedicarte a otra cosa”.

Esto me afectó, me consumió, me frustró. Yo me lo creí y me dejé consumir y me dejé frustrar. Pasé por momentos difíciles, de verdad muy duros y el síndrome del impostor me abrazó hasta asfixiarme así que tenía dos opciones: dejarme ahogar o hacer algo al respecto.

Entonces hice algo al respecto y sí, me dediqué a otra cosa. Me dediqué a aprender. Después de eso no sé cuántas pruebas escribí al código de todo el proyecto y eran impecables así que no solo logré aprenderlo muy bien, sino que entendí que debía hacer algo más por lo que había estado pasando.

Era necesario detener esa cadena, detener la reproducción de profesionales no profesionales, de líderes sin liderazgo, de intervenir en la falta de educación en aquello que nos hace verdaderamente buenos en algo: la empatía, el respeto y la ética.

Desde entonces decidí dar un giro y dedicarme a aprender y a educar, tomando todas esas experiencias y sentimientos por los cuales pasé para que al menos las personas a mi cargo no se lo hagan vivir a otros.

Hay que detener la cadena, el ego destruye no sólo a quien se oprime sino a quién lo contiene, no permite crecer.

La razón real por la cual dejé de trabajar como programadora para una empresa la contaré después, decidí dar un giro profesional y fue todo un proceso que exitosamente logré llevar a cabo y disfruto cada día.

Que la frustración no te nuble tus pasiones.